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2022-09-30«La ciencia es una variable geopolítica y no lo hemos entendido en Colombia»

OCyT |Hace poco más de dos años el economista e historiador santandereano Diego Silva Ardila llegó a la dirección del Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología (OcyT). Su doble experiencia, por un lado en análisis de información y procesamiento de datos, por otro en políticas públicas, le abrieron la puerta de esta organización encargada de producir información estadística en Ciencia, Tecnología e Innovación.

El observatorio, fundado en 1999 como una entidad sin ánimo de lucro, es algo así como el tablero de control en un avión que permite entender mucho mejor la trayectoria de vuelo de la ciencia en Colombia. Un tablero de vuelo en el que las variables tienen que ver con inversiones, talento humano, producción científica en términos de artículos y patentes, productividad de instituciones, áreas de desarrollo, entre muchas otras. 

Silva Ardila aterrizó aquí después de un concluir un doctorado en Planeación y Políticas Urbanas de la Universidad de Illinois en Chicago y varios cargos en el sector público incluyendo la subdirección del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). El tiempo ahora lo reparte con sus tareas como profesor del Programa Gestión y Desarrollo Urbanos de la Universidad del Rosario. 

Silva Ardila analizó para Ciencia Abierta algunas preocupaciones y visiones del presente y futuro del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología.

¿Cuáles cree que son algunas prioridades en ciencia y tecnología para el próximo presidente?

Hace poco planeamos un debate presidencial sobre ciencia, tecnología e innovación y la mayoría canceló porque tenían otras prioridades. Así que el primer reto que tenemos es que la ciencia, la tecnología y la innovación entren en la agenda de política pública del Gobierno nacional. Esto claramente no es solo una tarea de quien quede como presidente sino de todos los que trabajamos en el sector. Segundo, vengo diciendo hace rato que el Ministerio de Ciencia tiene que dejar de ser un ministerio de miles de millones y pasar a ser uno de billones. El presupuesto de uno o dos billones sería un gran logro. Tercero, creo que es muy importante que desde el ejecutivo se entienda que ciencia, tecnología e innovación no son algo periférico a la economía o un sector más, por el contrario, debe ser el centro de nuestra sociedad.

Cuando digo que trabajo en el Observatorio de Ciencia y Tecnología, la gente piensa que me gustan los telescopios o que le regalo microscopios a mi hijo. Pero aquí estamos hablando es de entender la conexión de la ciencia con la economía, con la generación de riqueza, con la transformación de nuestros comportamientos, con nuevas oportunidades de empleo. En últimas, de poner la ciencia y tecnología en el centro del modelo económico productivo y social de nuestro país.

¿Cuáles cree que son algunas prioridades en ciencia y tecnología para el próximo presidente?

No soy muy optimista sobre nuestros congresistas, pero diría que la propiedad intelectual es un tema necesario. Alguna vez escuché una frase, no recuerdo quién la dijo, según la cual los “programas de innovación sin estrategia de propiedad intelectual, son filantropía o uso indebido de recursos”. Siempre que puedo insisto en afirmar que la propiedad intelectual es un asunto de geopolítica. Ahí es donde se define el dominio económico, político y social en muchas áreas. Por otro lado, creo que desde el Congreso también se pueden definir incentivos para estimular la ciencia, tecnología e innovación. Un problema que tenemos en Colombia es que las personas más calificadas con doctorados se quedan en las universidades y no llegan a las empresas. Nuestra última encuesta señala que más del 85 % de doctores están en universidades. Hay que generar normas, no entendidas como obligación sino como incentivos, para que las empresas empiecen a contratar o que la inversión en emprendimiento priorice la creación o desarrollo de empresas de base tecnológica con gente de alto nivel.

¿Qué ha pasado con la Misión de Sabios? ¿Se tradujo en algún impacto?

La Misión de Sabios de alguna forma permea la narrativa de Planeación Nacional y del Ministerio de Ciencia. Eso de entrada es bueno. Colombia tiene un sistema de desarrollo de políticas públicas muy interesante. La primera semilla es una misión de expertos que deja una serie de recomendaciones y la Misión de Sabios tuvo la misma lógica: traer un tema y unas recomendaciones a la mesa. Hay que celebrarlas independientemente que nos guste o no como el gobierno las ha venido priorizando e implementando. Si realmente empezamos a caminar por la senda científica gracias a la creación del Ministerio de Ciencia y de las recomendaciones de esta misión, en 20 o 30 años es algo de lo que (Iván) Duque podría sentirse orgulloso. Él tomó la decisión política. Luego vino el escenario desafortunado de los nombramientos de ministros que hizo, pero lo cierto es que el próximo presidente tiene la oportunidad de aprovechar esa plataforma ministerial para gobernar en materia de ciencia, tecnología e innovación con mayor determinación y compromiso que lo que hizo Duque. Las victorias por ahora pueden ser modestas o insignificantes, pero ahí están las recomendaciones, y un Ministerio.

¿Cuál es su diagnóstico sobre el estado de salud del sistema de ciencia y tecnología del país?

Ni siquiera sé cómo responder esta pregunta porque me hace suponer que existe un cuerpo al que le voy a medir los indicadores de salud, pero es que tal vez no exista ese cuerpo. Nosotros no tenemos un cuerpo funcional de ciencia y tecnología. Tenemos anécdotas de unas y otras empresas que hacen algo de ciencia. Tenemos un sistema incipiente. Para ir a la metáfora de la salud tenemos un embrión en formación que todavía no hace casi nada. Las fortalezas de ese embrión son sus capacidades. Si que tenemos capacidades. Es muy potente. Tenemos universidades, científicos, grupos de investigación. Hace falta conexión con empresas y es imperativo que el sector privado se comprometa a focalizar sus esfuerzos hacia la generación de riqueza en mercados del conocimiento, tecnológicos y de innovación y vaya dejando a un lado las formas extractivistas de generar riqueza.

Colombia sigue siendo en muchos sentidos y sectores productivos casi feudal en sus procesos de producción. Cuando me refiero a mercados del conocimiento, tecnológicos y de innovación no estoy hablando de nada diferente que el mercado de los cosméticos, de los fármacos, de los celulares, de aviones, de carros, de sistemas de acueductos o de electrificadoras, entre otras. Los productos en esos mercados contienen principalmente propiedad intelectual y patente. Así será posible dejar a un lado los mercados del grano de café, hoja de coca, crudo, oro, turismo sin valor agregado, y muchos más del mundo de la extracción y no del conocimiento. No se trata de eliminarlos o acabarlos pero si mitigar su protagonismo en la matriz productiva del país. En Colombia invertimos menos del 1 % de nuestro PIB, ojo esto no es solo el gobierno, son todos los actores económicos del país. Brasil, más juicioso invierte un 2,5 % de su PIB que es mucho más alto que nuestro PIB. Nos están apabullando. Y prefiero no compararnos con Alemania, Corea del Sur o Israel. No solo estamos rezagados, sino que cada año estamos más rezagados.

¿Qué rol juega Santander en el sistema de ciencia y tecnología?

Lo que vemos desde el Observatorio es que es uno de los departamentos mejor preparados en el país. Ese sueño de transitar de una economía minera a un departamento científico se ha ido cumpliendo. La UIS, por ejemplo, entendió la importancia de las patentes y tiene un programa claro en ese sentido. Incluso empieza a tener unidad de comercialización de patentes. Los grupos de investigación asociados a la industria del petróleo han hecho aportes importantes. En Santander el Instituto Colombiano del Petróleo tiene clara esa misión.  Y esa cultura está permeando otros sectores como el agrícola. El país no lo conoce, pero el Parque Tecnológico de Guatiguará es un oasis en Colombia. Además hay un sistema interesante de universidades por ahora muy enfocadas en los procesos de formación y pedagógicos, y con pasos tímidos a la investigación, y mucho más tímidos al desarrollo, transferencia y comercialización, pero con toda la capacidad de hacerlo. Es un asunto de voluntad y especialmente asumir riesgos, que es uno de los fundamentos del capitalismo, asumir riesgos. Lo que significa dejar de tomar decisiones basados en escenarios de absoluta certidumbre.

¿En términos de integración de universidad-empresa, qué otro caso en Colombia destacaría además de Santander y Antioquia?

Esas dos regiones son interesantes. Pereira curiosamente tiene un grupo de gestores que comienzan a hacer ejercicio para coordinar sectores estratégicos en Risaralda que tiene un potencial industrial y lo han anclado a un sueño de desarrollar un parque tecnológico. Una misión como diría Mazzucato, van a paso lento pero interesante el modelo. En Manizales también hay conversaciones interesantes. Si queremos ir a un tercer ejemplo tenemos que ir a Bogotá donde convergen diferentes estrategias por parte de las universidades y algunos sectores como es salud o alimentos.

¿Hasta qué punto la pandemia entorpeció el sistema de ciencia y tecnología?

Creo que de hecho benefició a los actores del sistema nacional de ciencia y tecnología. Porque generó conversaciones necesarias para construir un modelo centrado en ciencia y tecnología en el país. Hay temas que se discuten con mayor nivel de seriedad, las empresas se preocuparon cuando se dieron cuenta que su modelo era solo comprar barato para vender caro, las universidades se lanzaron a proponer soluciones a nuestros problemas, actitud propia de sociedades científicas y evidencia de la fortaleza en las capacidades que tenemos. Además, los y las científicas empezaron a ser actores respetados y consultados, dejan a un lado a los muy bien posicionados “opinadores”. Por ejemplo, cada vez son más los periodistas que se interesan en estos temas y al hacer sus notas prefieren contactar a los científicos y no a los influencers. Eso ya empieza a enriquecer el diálogo. Específicamente en salud se pellizcaron porque el país tiene capacidades, desde hospitales hasta farmacéuticas, pero no ha dado el salto sustancial a mercados del conocimiento, tecnología e innovación, sigue estancado en la prestación de servicios y adopción/adaptación de tecnologías externas.

En Colombia seguimos viendo una distancia entre comunidades científicas y clases políticas. ¿Cómo mejorar ese puente?

La ciencia y tecnología hay que entenderla desde el poder, como un pilar más del poder. El problema en Colombia es que cuando decimos política se entiende como política electoral, o incluso me gusta más el concepto “politiquería”. La política, bien entendida, es el pilar de la organización de una sociedad, es por eso que todos somos actores políticos, incluso cuando decidimos ser apáticos. Los países son poderosos si tienen soldados o si tienen científicos. La ciencia es una variable geopolítica y es algo que no hemos podido entender en Colombia. Hasta que el poder en Colombia no entienda el valor de la ciencia y tecnología, es decir, quitarle el techo a las posibilidades de riqueza de un país, vamos a seguir estancados.

Si somos un país que vive de la minería eso tiene un límite que depende de las reservas, pero con ciencia y tecnología las posibilidades se multiplican. Pienso en un ejemplo como la empresa sueca Husqvarna, que empieza con herramientas para manejo de bosques, luego motos, motores de alta propulsión y se convierte en una potente multinacional. Un contraejemplo en Colombia es el café. El poder en Colombia estuvo en manos de los cafeteros por mucho tiempo, pero ese poder nunca entendió completamente que el foco debía estar por el camino de la ciencia y la tecnología. Lo intentaron, pero dejaron que los dólares de la comercialización los distrajera y no lo pusieron en el centro de su modelo de generación de riqueza. Hoy, por ejemplo, la máquina con la que cualquier café hipster hace espresso, una máquina sencilla que se puede hacer en una universidad de Bucaramanga fácilmente, se importa por 20 a 30 millones de pesos desde Italia.

A propósito de las discusiones sobre transición energética en Colombia, ¿qué implicaciones ve para el sector de ciencia y tecnología que en un horizonte de mediano plazo el país dependa menos de hidrocarburos y por lo tanto disminuyan las regalías? ¿Hay plan B? ¿Esto se discute?

Para ser breve diría que las comunidades científicas no son las grandes beneficiadas de esas regalías. Ellos no perderían nada que no tienen. Ese es un proceso en el que los políticos tienen mucha influencia y muchos de esos procesos no avanzan bien.

¿Si pudiera cambiar una sola cosa para que funcione mejor la ciencia y la tecnología en Colombia qué sería?

El problema no es solo de plata. Creería que en este momento nuestro camino para lograr que la ciencia se articule positivamente en el desarrollo del país debe estar liderado por los empresarios. No estoy diciendo que se conviertan en los únicos responsables, pero deben ser los líderes y protagonistas de un desarrollo económico y productivo basado en la ciencia, tecnología e innovación. Deben entender que hay otra forma de generar riqueza y se llama conocimiento.

Hoy las lógicas de la mayoría de empresarios se reducen a comprar más tierra y especular a veces manipulando las normas, a comprar barato y vender caro, a vender reduciendo los costos de producción a toda costa generando precariedad en el trabajo, mirar qué pueden importar de otros países como China o reventar una montaña para extraer recursos. Todas esas son formas de hacer negocios que no se acercan a la ciencia y tecnología. Cuando entiendan que a partir de innovación en procesos y nuevos productos, cuando utilicen la cantera de problemas que tenemos y generen soluciones comercializables, esa sería la cosa que yo pediría cambiar. Con ese cambio está garantizado que abandonaremos lentamente el modelo extractivista, para encarrilarnos en la senda de lo que hace siglos sabemos es la prosperidad de una sociedad. 

OCyT
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OCyT

«La asociación se denomina Observatorio de Ciencia y Tecnología y podrá usar indistintamente el nombre abreviado de El Observatorio o la sigla OCyT. Es una asociación civil de participación mixta y de carácter privado, sin ánimo de lucro, con patrimonio propio organizada bajo las leyes colombianas dentro del marco de la Constitución Política y las normas de Ciencia y Tecnología y regida por ellas, en especial por las regulaciones previstas para las corporaciones en el Código Civil y por sus Estatutos”.


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