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2022-05-05El futuro del trabajo ya está aquí Impacto del COVID-19 en el mercado laboral: ¿Qué ha pasado desde la crisis económica, y qué sigue?

BID |El mundo laboral se está transformando a un ritmo sin precedentes a nivel mundial. En América Latina y el Caribe, las relaciones laborales ya estaban cambiando aceleradamente antes de la crisis sanitaria del COVID-19, y la pandemia sirvió para acelerar una metamorfosis en curso.

El Coronavirus y el desempleo en México, América Latina y el Caribe

Más de 31 millones de empleos perdidos no pasan desapercibidos. En los mercados laborales, los efectos económicos del COVID-19, la enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2 que ya cuenta más de 68 millones de contagios en la región, han sido más que palpables. Los vimos, los vivimos y siguen presentes a pesar de algunas señales de recuperación económica entre 2021 y 2022 que están lejos de ser óptimas. Se perdieron muchos empleos, se trabajaron menos horas, se generaron menos ingresos, y eso afectó a la economía mundial y a los mercados financieros. Pero, además, los problemas estructurales preexistentes, como la baja productividad, la informalidad laboral y las brechas de género, se profundizaron.  

Caída del empleo en América Latina y el Caribe entre 2020 y 2021



Fuente: Cálculos del equipo del BID basados en datos del Observatorio Laboral COVID-19.


Las consecuencias fueron globales, afectando el mercado en EE.UU (Estados Unidos), Reino Unido y en muchos países del continente asiático. En México específicamente observamos que la tasa de informalidad, aun cuando es hoy más baja que antes de la crisis económica, sigue siendo alta en comparación con otros países de la región con PIB per cápita similares. Y es que la informalidad cayó radicalmente en toda la región durante la crisis sanitaria, pero eso no se tradujo en mayor formalidad. A diferencia de otras crisis, la pandemia del COVID-19 redujo tanto el empleo formal como el informal. Y mientras en crisis previas la informalidad había reaccionado de manera contracíclica, aumentando mientras el empleo formal caía, en esta ocasión, en buena medida por las medidas de confinamiento, no fue así. Esto significó que muchos en la región se vieron sin posibilidades de generar ingresos.   

De otro lado, en México, los salarios aún no recuperan sus niveles previos a la crisis, y aunque efectivamente están mejor que en todo el periodo 2009 a 2018, la productividad del país ha caído con fuerza. Del cuarto trimestre de 2017 al cuarto trimestre de 2021, la productividad laboral decreció en 8.1%, y se encuentra hoy por debajo de su nivel en 2005. La crisis también representó un retroceso importante en la igualdad de género en el mercado laboral. Estimamos que en septiembre de 2021 el déficit del empleo femenino en México debido a la crisis fue de 9.1%, versus solo 2.2% en el empleo masculino. 

Pero no ganamos nada si nos concentramos solamente en el shock de los efectos de la pandemia sin mirar las oportunidades de renovación que nos presenta.  

El impacto de la pandemia en las relaciones laborales

Las relaciones laborales ya estaban cambiando aceleradamente antes de la crisis sanitaria del COVID-19, y la pandemia, junto a sus consecuencias como el distanciamiento social y la emergencia en la salud pública, sirvieron para acelerar una metamorfosis en curso.  

El auge del teletrabajo

Lo que empezó para muchos como un experimento tímido de teletrabajo, se precipitó y tomó auge durante la pandemia de COVID-19. En general, se entiende por  teletrabajo a la realización de tareas desde otro lugar que no sea la oficina del empleador, utilizando las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC).

El crecimiento de la actividad económica digital; el trabajo remoto y la generación de ingresos a través de las plataformas digitales; y la transición hacia economías más verdes, son tendencias que están cambiando los mercados laborales de América Latina y el Caribe, y que necesitamos aprovechar para construir una nueva arquitectura laboral. 

El sector de las tecnologías de la información, por ejemplo, ha crecido a un ritmo trepidante, incluso en un periodo de crisis. De acuerdo con datos del Observatorio Laboral del BID, trabajando en alianza con LinkedIn, fue un sector que se mantuvo sin mayores alteraciones en su tasa de contratación entre 2022 y 2021, y hasta creció. Tiene sentido, siendo que se trata del sector más preparado para transitar al trabajo remoto sin fricciones, y que la transición de otros sectores al teletrabajo ha incrementado la demanda de servicios tecnológicos.  

Por otro lado, entre 10% y 35% de los trabajadores de América Latina y el Caribe se sumaron al teletrabajo durante la pandemia, de acuerdo con estimaciones de nuestro Observatorio Laboral. En el pico de la pandemia (junio 2020), el porcentaje de teletrabajadores en Chile, México o Uruguay estaba entre el 20% y el 40%. Sin embargo, la adopción del teletrabajo no es equitativa, pues no todo el mundo puede teletrabajar. Los análisis revelan que el teletrabajo es factible para las ocupaciones mejor remuneradas en México, por lo cual parece que las nuevas tecnologías ayudan menos a personas en ocupaciones con menor remuneración en el país. 

La importancia de las plataformas tecnológicas

El trabajo a través de las plataformas digitales, mercados y herramientas que conectan a las personas con servicios y oportunidades de trabajo como Uber, Beat, Cabify o Mercado Libre, también está cobrando cada vez más fuerza. 

Entre enero y marzo de 2020 la descarga de aplicaciones de teletrabajo se multiplicó por 20 en la región. En el caso de las plataformas de movilidad y de entrega de comida a domicilio, desde antes de la pandemia ya eran una fuente de ingresos adicionales para personas con distintas ocupaciones. Como consecuencia de la pandemia, se incrementó su uso, permitiéndole a muchos trabajadores mantenerse a flote en medio de la crisis sanitaria.  

Tanto el teletrabajo como el trabajo en plataformas digitales necesitan de una regulación adecuada, que permita la realización de estas actividades de forma productiva, eficiente y equitativa, adecuándose a las necesidades y realidad del nuevo mundo del trabajo, y considerando la seguridad social y protección social de los trabajadores.

Por último, tarde o temprano todos los países enfrentarán el reto, pero al mismo tiempo la gran oportunidad de transitar hacia empleos verdes. Según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo y la Organización Internacional del Trabajo, la transición hacia una economía de cero emisiones netas de carbono para 2030 puede tener un impacto directo en la creación de empleos en América Latina y el Caribe: quince millones de empleos netos. Pero esta transición requiere de un impulso desde las políticas públicas, incluyendo medidas para apoyar la reinserción laboral de las personas que perderían empleos en sectores contaminantes.   

3 soluciones para una nueva arquitectura en los mercados laborales de América Latina y el Caribe

A pesar de algunos signos de recuperación, los mercados laborales de América Latina y el Caribe siguen en problemas. 

Hay un triple desafío: (i) diseñar con enfoque inclusivo políticas para recuperarnos de un shock que todavía tiene efectos importantes, y que posiblemente los siga teniendo por muchos años; (ii) mejorar la cantidad y la calidad de los empleos, enfrentando los desafíos preexistentes en los mercados laborales e invirtiendo en la construcción de habilidades; y (iii) tomar las lecciones aprendidas en esta crisis, para diseñar políticas que nos permitan hacer frente a las próximas crisis.  

Para que podamos recuperar y transformar los empleos en América Latina y el Caribe, es fundamental: 

1. Acelerar la recuperación del empleo con enfoque inclusivo. La región debe facilitar la transición de los trabajadores y empresas a los sectores emergentes que están creando empleos, promoviendo la contratación y capacitación efectiva de la fuerza laboral. Medidas orientadas específicamente a que los jóvenes y quienes buscan trabajo por primera vez consigan empleos formales son particularmente importantes en México dado que en marzo de 2022 el número de puestos de trabajo registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social de personas menores con 29 años o menos fue 3.2%, menor que en marzo de 2019. Sin un esfuerzo importante para promover el empleo formal de los jóvenes, existe el riesgo de que la pandemia deje una cicatriz permanente en las trayectorias laborales de la generación que está llegando a la edad de trabajar ahora.  

  • Apoyar la conectividad adecuada, la innovación y la transformación digital de las empresas para aprovechar las oportunidades en un mundo cambiante, también es clave.
  • Por otra parte, podemos reducir las brechas de género, trabajando para que las mujeres opten y  tengan acceso a carreras con trabajos bien pagados, como los asociados a la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (CTIM, o STEM en inglés). De la misma manera, apoyar la ampliación y la mejora en la calidad de los sistemas de cuidado puede ayudar a las mujeres a entrar en el mercado laboral, junto con la promoción de una división equitativa de las tareas familiares entre mujeres y hombres, porque hoy la carga de cuidar a otros y de las tareas del hogar recae desproporcionadamente sobre ellas.  
  • Los trabajadores también necesitan que las regulaciones los apoyen para conseguir mejores condiciones laborales—con un abordaje prudente del salario mínimo y la garantía del derecho a la negociación colectiva—sin pretender subir los salarios al punto en que las empresas no puedan pagar. Un esfuerzo complementario a largo plazo sería mejorar los niveles de inversión pública, especialmente en zonas más rezagadas económicamente, para mejorar la productividad. 

2. Desarrollar las habilidades relevantes para el nuevo mundo laboral. Es urgente invertir en políticas de fortalecimiento de habilidades para el trabajo dirigidas a personas que han perdido sus empleos, o que están viendo sus trabajos y tareas transformarse por el impacto directo de la digitalización y la demanda creciente de habilidades digitales, de teletrabajo, y verdes.  

  • Los programas de mejora de competencias y de recapacitación deberán enfocarse en habilidades pertinentes para los empleos más demandados y de mayor calidad en la economía, y en proporcionar habilidades a lo largo de la vida de los trabajadores. Las empresas necesitan repensar su visión de lo que es un “empleado” para empoderarlos en su evolución hacia mayor interacción con nuevas tecnologías y plataformas digitales, así como evolucionar a un modelo de formación continua de mayor agilidad.
  • Necesitamos asegurar que nadie se quede atrás por falta de habilidades, y que las empresas tengan incentivos para establecerse y quedarse en la región porque encuentran talento humano capacitado, o con posibilidad de capacitarse con efectividad en períodos cortos de tiempo.

3. Construir un mercado laboral más fuerte para enfrentar mejor nuevos shocks a futuro. Por un lado, es importante promover regulaciones que se ajusten a los cambios que estamos viviendo en el mercado de trabajo. Por otro lado, es preciso llevar a cabo las reformas laborales y de seguridad social necesarias para transformar el mercado laboral a futuro, y ser menos vulnerables a los shocks.

  • Para enfrentar el problema de la alta informalidad y la baja cobertura de los sistemas de pensiones, las reformas a la seguridad social podrían hacer que ciertos beneficios sean universales e independientes del estatus de la persona en el mercado laboral. A su vez, tales beneficios podrían financiarse con impuestos generales en lugar de impuestos laborales, promoviendo el empleo formal, y reduciendo su costo simultáneamente. De esta manera, un sistema universal eliminaría la cobertura errática de la seguridad social que cambia de un año a otro según la trayectoria laboral de la persona, además de promover la formalidad laboral a través de menores costos laborales no salariales. 
  • También es recomendable construir desde ahora sistemas robustos e inclusivos de protección para los desempleados que permitan apoyar a las personas ante las pérdidas de empleo que ocurren aun en los mejores tiempos, y contar con políticas públicas listas y escalables de cara al impacto económico de las siguientes crisis. 

En este Día Internacional del Trabajo hago una invitación a los países de América Latina y el Caribe a ver la gran oportunidad que tenemos de transformar los mercados laborales, y a aprovechar este momento de cambios para alcanzar un futuro del trabajo más productivo, inclusivo y resiliente. Desde el BID estamos para apoyar estos caminos de crecimiento de manera sostenible e inclusiva, en sintonía con nuestra Visión 2025 para reinvertir en las Américas. 


Laura Ripani

Laura Ripani es la jefa de la División de Mercados Laborales del BID. Se especializa en el área del futuro del trabajo, con particular interés en la mejora de oportunidades para jóvenes. Ha publicado ampliamente en revistas académicas en las áreas de mercados laborales, protección social y educación. En sus más de veinte años de experiencia, Laura ha desarrollado una extensa red de contactos internacionales en los sectores público, privado y académico y se ha convertido en una líder de pensamiento para temas de mercados laborales y el futuro del trabajo. Antes de incorporarse al BID, trabajó en el Banco Mundial en proyectos relacionados al vínculo entre la pobreza y los mercados laborales en América Latina y el Caribe. Cuenta con un Doctorado y una Maestría en Economía de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, y tiene una Licenciatura y una Maestría en Economía de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina.

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Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Trabajamos para mejorar la calidad de vida en América Latina y el Caribe. Ayudamos a mejorar la salud, la educación y la infraestructura a través del apoyo financiero y técnico a los países que trabajan para reducir la pobreza y la desigualdad. Nuestro objetivo es alcanzar el desarrollo de una manera sostenible y respetuosa con el clima. Con una historia que se remonta a 1959, hoy somos la principal fuente de financiamiento para el desarrollo para América Latina y el Caribe.


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