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2020-09-12Fresa, ejemplo histórico de la transferencia tecnológica en el país

Agencia de Noticias UN |Hace 60 años la vereda Saucio, en Chocontá (Cundinamarca), fue un laboratorio social que le dejó como herencia al país las juntas de acción comunal, el avance en técnicas agrarias y la fresa; sí, esta típica fruta de la Sabana de Bogotá es un manjar relativamente reciente en nuestras mesas.

Durante esas seis décadas también ha estado abierta la pregunta sobre quién fue la primera persona que trajo las semillas al país. Para el sociólogo Normando José Suárez Fernández, profesor de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), no hay duda: fue el maestro Orlando Fals Borda.

Para algunos pobladores de Saucio la respuesta no es tan contundente: quizás fue el profesor Fals, o tal vez la familia croata Frezik, que llegó a Chocontá en la misma época en la que el destacado sociólogo realizaba su trabajo con esta comunidad rural, en los años cincuenta.

Luvin Hernando Camargo Umbarila, oriundo del municipio y quien elaboró su tesis de maestría sobre el legado que dejó Fals en Saucio, asegura que los descendientes de los Frezik defienden que fue el patriarca Ignasio Frezik Rozman, un refugiado de la Segunda Guerra Mundial, quien plantó los primeros ejemplares.

Sus pruebas: un negocio de larga tradición en la zona, donde la especialidad son diversos postres de fresa, y fotos antiguas en las que se observa a los croatas con sus cultivos. “Cuando le pregunté a la señora Katarina Frezik, hija de Ignasio, sobre si su padre conoció a Fals Borda, manifestó que no, y aseguró enfática que las primeras semillas de fresa las trajo al país su familia”, cuenta el magíster Camargo.

Por su parte el profesor Suárez asegura que la historia más conocida es la que el mismo Fals Borda relató en varias ocasiones: “cuando regresé de mis estudios como becario en la Universidad de Minnesota (Estados Unidos) traje camufladas las semillas entre las medias para evitar los controles fitosanitarios en el aeropuerto”. Luvin recuerda que el sociólogo barranquillero contó la misma anécdota en Tunja, con una pequeña variación: “nos narró que las había escondido en la solapa de su saco”.

Independientemente de quién trajo las semillas, tanto los Frezik como Fals Borda tienen el mérito de fomentar un producto no endémico, que se adaptó bien al clima frío de la Sabana y que le dio un carácter propio a Chocontá.

El legado académico y social

El profesor Suárez indica que existe un extenso soporte documental –disponible para consulta en el Fondo Orlando Fals Borda, custodiado en el Archivo Central e Histórico de la UNAL Sede Bogotá– en el cual queda claro que la introducción de la fresa respondió a una propuesta de cambio social a través de la transferencia de tecnología.

En el caso del profesor Fals Borda, la fresa fue solo uno entre muchos proyectos en los que se involucró con el objetivo de desarrollar las capacidades de los pobladores para su desarrollo autónomo, lo que derivó en uno de sus legados más conocidos: el enfoque de investigación-acción participativa.

“En el marco de ese proceso, Fals plantea estrategias para que a partir de sus potencialidades el campesino transforme su economía; por eso la fresa no fue al azar, sino parte de un proyecto integral de cambio institucional, de la mano de otras acciones como la organización comunal y la educación de los pobladores; un resultado fue la construcción de la Escuela de Saucio, que aún funciona”, manifiesta el profesor Suárez.

El magíster Camargo sostiene que el recuerdo de Fals Borda está presente en la vereda y sus alrededores en muchos otros aspectos, como por ejemplo en los relatos de su abuelo materno, Marcos Umbarila, quien trabajó con el sociólogo durante la construcción de la Represa del Sisga.

Relata además que cuando leyó Campesinos de los Andes (1961) encontró muchas de las historias que le había contado su abuelo, como detalles de la construcción de la represa, los nombres de las personas que trabajaron con ellos, la forma de la región a mediados del siglo pasado, y cómo Chocontá se convirtió, paulatinamente, en la capital colombiana de la fresa.

En la actualidad, Campesinos de los Andes es considerada como la primera obra sociológica que se interna en la situación de la población rural cundiboyacense; allí el autor integra datos cualitativos y cuantitativos que recrean las costumbres, pensamientos, dificultades y retos de los campesinos. Además permitió contar con una visión diferente de la ruralidad, en la que se muestra a sujetos activos, dispuestos a combinar sus tradiciones con los nuevos avances.

En el libro se encuentran descripciones sobre cómo se relacionaba el campesino con su tierra y sus herramientas, además de la realidad que vivía en el momento; por ejemplo, en 1956, mientras en el resto del mundo era común el uso de la guadaña para cegar cultivos, en los Andes colombianos aún se utilizaba la hoz, utensilio antiguo menos eficiente traído de España.

En la memoria

Hace 12 años, el 8 de julio de 2018, Orlando Fals Borda estuvo por última vez en la Escuela de Saucio con motivo de los cincuenta años de las Juntas de Acción Comunal. Ese día les recordó a los presentes: “la unión hace la fuerza para defenderse de las amenazas de la violencia, del monopolio de la tierra y para contener la destrucción del campesinado”.

El magíster Camargo pudo escuchar maravillado este último discurso público del sociólogo. “Recuerdo que al final dijo: ahora puedo morir en paz”. En efecto, dos meses después, el 12 de agosto, falleció dejándole una tarea pendiente a la sociedad colombiana: reposicionar el campo y a los campesinos como prioridad para el progreso efectivo del país. La vereda Saucio y la fresa, con sus altibajos, son ejemplo de lo que se puede lograr.

Unimedios | Agencia de Noticias UN
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Unimedios | Agencia de Noticias UN

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