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2020-10-26La agroecología puede salvar el alimento del futuro

WWF |"Los científicos deben aprender que el impacto real no se mide por el número de citas, índices o factores de impacto. El impacto se mide por la capacidad de nuestras palabras y acciones para provocar el cambio".

Pablo Tittonell es Investigador Principal del Consejo Nacional de Instigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de Argentina en San Carlos de Bariloche, y tiene una cátedra sobre paisajes resilientes en la Universidad de Groningen en los Países Bajos.

Nuestro sistema alimentario enfrentó muchos desafíos durante la pandemia de COVID-19. Al restringir la movilidad, el comercio internacional y el transporte, la crisis afectó gravemente uno de los pilares fundamentales de la seguridad alimentaria: el acceso a los alimentos. Depende cuánto tiempo dure esta crisis y de las restricciones asociadas a la movilidad de bienes y personas, también se verán gravemente afectados otros componentes de la seguridad alimentaria, como por ejemplo la disponibilidad, estabilidad y utilización de los alimentos.

COVID-19 reveló, o mejor dicho reforzó, las debilidades de nuestro sistema alimentario a nivel global. Dominada por unas pocas corporaciones multinacionales, se caracteriza por monocultivos uniformes y ganado industrial, y dependiente de recursos no renovables para la producción, el transporte y la distribución.

La agroecología es una disciplina que parte del uso de principios ecológicos y diversas fuentes de conocimiento – tradiciones locales, científicas, prácticas – para el diseño y gestión de paisajes sostenibles para la producción de alimentos. Ofrece oportunidades para integrar verdaderamente la naturaleza y la agricultura de una manera funcional y mutuamente beneficiosa, y de diseñar sistemas alimentarios más robustos y resistentes frente a COVID-19 y otras posibles crisis futuras. Promueve la restauración del paisaje, sistemas ganaderos alterativos que reducen la necesidad de antibióticos, la soberanía alimentaria y la autosuficiencia de pequeños agricultores familiares.

Al crecer y estudiar en América Latina, siempre tuve un vínculo con el movimiento agroecológico, que considero el futuro de nuestro sistema alimentario. Pero el potencial de la agroecología para abordar los problemas más urgentes del mundo se hizo tangible, para mí, durante la década, más o menos, que trabajé en el África subsahariana. Los mejores ejemplos de agricultura a gran escala que vi en Europa o las Américas fueron los que aplicaron principios de agroecología, incluso cuando los agricultores no siempre eran conscientes del término.

La agroecología significará un cambio profundo en la forma en que hacemos política, negocios, ciencia y activismo. Se trata de la participación inclusiva, la co-creación de conocimiento y sabiduría, la democratización. El tiempo de los científicos de las torres de marfil, y de las agencias de desarrollo, y los responsables políticos todopoderosos ha terminado. También es el momento de diagnosticar repetidamente nuestra crisis alimentaria y medioambiental: describir nuestros problemas, sensibilizar e influir en los responsables políticos puede ser necesario, pero no es suficiente. Tenemos que avanzar hacia la acción, hacia un cambio transformador.

Los científicos preocupados, me incluyo, necesitamos apoyar que el impacto real no se mide por el número de citas, índices o factores de impacto. El impacto se mide por la capacidad de nuestras palabras y acciones para impulsar el cambio. Hasta ahora, la agroecología se ha expandido lentamente, pero con firmeza, sin mucho apoyo de políticas, gobiernos, corporaciones, organizaciones internacionales, donantes o académicos. La agroecología está creciendo de abajo hacia arriba. Unámonos y seamos parte del cambio necesario. La actual crisis COVID-19 puede ser una oportunidad para re-pensar nuestras estrategias.

WWF
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WWF

WWF es la principal organización de conservación global, con presencia en más de 100 países y que cuenta con el apoyo de más de 5 millones de socios. Las acciones de WWF están enfocadas en seis grandes objetivos: especies, bosques, océanos, agua dulce, alimentación, clima y energía. WWF tiene además tres líneas de acción transversales: gobernanza política y social, finanzas y mercados.

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