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2020-07-21Suena la hora de la ciencia: ¿se escuchará en América Latina?

BID |La pandemia nos ha mostrado una vez más la relevancia de contar con capacidades científicas locales para responder a situaciones de crisis. También puso en evidencia las transformaciones del sistema científico, que hoy es mucho más sofisticado, abierto, colaborativo y digital. ¿Será este un momento que detone una mayor inversión y un rediseño en el apoyo a la ciencia y la tecnología en la región?

Vacunas, medicamentos antivirales, respiradores, test de diagnóstico moleculares, pruebas serológicas, vigilancia epidemiológica, aplicaciones de rastreo, datos y modelos predictivos son temas que se comentan cada vez con mayor frecuencia en nuestra nueva realidad marcada por el COVID-19. ¿Qué tienen en común todas estas palabras? Por un lado, que forman parte del arsenal de herramientas que cualquier país del mundo debería contar para hacer frente a la pandemia. Pero también, que todas son resultado de ciencia de excelencia.

La emergencia sanitaria ha puesto también a la ciencia en el foco de las políticas públicas, tanto en la búsqueda de consejos para la toma de decisiones, como en la tarea de investigación y desarrollo (I+D) para poder responder a las nuevas necesidades, poniendo a su vez a prueba la capacidad de respuesta de la política científica de los países.

A nivel global, la pandemia provocó una reacción rápida del sistema científico. Por ejemplo, la primera secuenciación del genoma del SARS-CoV-2 fue desarrollado solo unos días después de identificada la nueva enfermedad, y con ello, muchos países, a partir de sus capacidades instaladas, pudieron generar las primeras pruebas de diagnóstico molecular y empezaron a desarrollar posibles vacunas y terapias. Al mismo tiempo, diversos grupos de científicos se enfocaron en desarrollar modelos de evolución de la nueva enfermedad que, precisiones más o menos, lograron concienciar sobre lo grave que podía llegar a ser la situación y apoyaron la toma de decisiones. El uso de datos fue crítico para estos avances, facilitado por la ola de digitalización de la ciencia en el mundo. Claro, todo esto se ha dado principalmente en la frontera mundial de la ciencia.

Ahora, ¿cómo ha sido la respuesta científica en América Latina y el Caribe (ALC)? El análisis de publicaciones científicas sobre COVID-19 nos muestra que los científicos afiliados a instituciones de países de la región no formaron parte de los primeros avances sobre el conocimiento del virus (ver imagen). Sin embargo, sabemos que solo concentrarse en las publicaciones limita nuestra comprensión del quehacer científico.capacidades científcas


Fuente: Hossain, Md M., Current Status of Global Research on Novel Coronavirus Disease (COVID-19): A Bibliometric Analysis and Knowledge Mapping (Mayo 18, 2020).

Más visible ha sido el trabajo de los científicos de ALC en utilizar el conocimiento mundial para poder desarrollar aplicaciones con usos directos en la identificación, tratamiento y prevención de la enfermedad. Por ejemplo, en Argentina y Uruguay científicos de universidades, institutos de investigación e incluso empresas lograron desarrollar test moleculares y kits de diagnóstico rápidos para el nuevo coronavirus.

Igualmente se han realizado decodificaciones de las variantes locales del virus en diversos países de la región, que además son compartidas en tiempo real con investigadores de todo el orbe, asociaciones para realizar ensayos clínicos de potenciales vacunas con laboratorios internacionales, e inclusive existen iniciativas de desarrollo de vacunas con fuerte desarrollo local en Argentina, Brasil, Chile, y México.

Estos casos ponen de relevancia una vez más la importancia de contar con capacidades científicas locales, lo cual requiere años de investigación básica y aplicada, además contar con las condiciones habilitantes para investigar, como acceso a reactivos, equipamiento y personal especializado, laboratorios con niveles de bioseguridad, entre otros.

Más inversión y rediseño en el apoyo a la ciencia

Históricamente, la región no ha invertido lo suficiente en I+D y muchos países cuentan con sistemas de apoyo a la ciencia frágiles y subfinanciados. Sin embargo, fue sobre estas estructuras que los países realizaron sus primeras inversiones para actuar activamente contra el COVID-19. Los ejemplos mencionados más arriba son una muestra de lo que los científicos locales lograron desarrollar a partir de convocatorias rápidas y programas de financiamiento específico que lanzaron las agencias y ministerios encargados de ciencia, tecnología e innovación.

Pareciera ser que las capacidades instaladas en nuestros países pueden absorber y ejecutar una mayor cantidad de recursos de los que actualmente tienen a disposición. ¿Será este el momento que detone una mayor inversión en ciencia y tecnología en ALC?

Por un período de tiempo ya demasiado largo, la inversión en investigación científica en ALC ha sido relativamente baja, cualquiera que sea el standard con el que se la mire. Con muy contadas excepciones, los gobiernos de la región han considerado poco prioritario financiar un sector cuya contribución de corto plazo al desarrollo es claramente menos visible, en contraste con otras prioridades de inversión en infraestructura o servicios sociales.

Igualmente, esta crisis llega en un momento en el que el sistema científico es mucho más sofisticado y rápido que en el pasado. Internet, la creciente cultura de ciencia abierta y colaborativa, las nuevas tecnologías digitales y la revolución biotecnológica han transformado el panorama de la investigación.

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Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Trabajamos para mejorar la calidad de vida en América Latina y el Caribe. Ayudamos a mejorar la salud, la educación y la infraestructura a través del apoyo financiero y técnico a los países que trabajan para reducir la pobreza y la desigualdad. Nuestro objetivo es alcanzar el desarrollo de una manera sostenible y respetuosa con el clima. Con una historia que se remonta a 1959, hoy somos la principal fuente de financiamiento para el desarrollo para América Latina y el Caribe.

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