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2026-03-26

Agua e igualdad de género: cuerpo, territorio y vida


22 de marzo – Día Mundial del Agua

El agua es vida. Sin embargo, para millones de personas en el mundo, el acceso al agua potable sigue siendo limitado, inseguro o inexistente. Este 2026, el Día Mundial del Agua nos invita a reflexionar sobre una verdad urgente: no hay justicia hídrica sin igualdad de género.

Desde 2010, el acceso al agua y al saneamiento es reconocido como un derecho humano fundamental. Esto implica que toda persona debería contar con agua suficiente, segura, accesible y asequible. Sin embargo, la realidad está lejos de ese estándar: casi una sexta parte de la población mundial no tiene acceso a agua segura, y 1.800 millones de personas están sin suministro de agua corriente (Bretas et al., 2020).

Entre las poblaciones más afectadas se encuentran las mujeres, las niñas y los pueblos indígenas. En el 80% de los hogares que enfrentan escasez de agua, son mujeres y niñas quienes asumen la responsabilidad de recolectarla. A nivel global, se estima que dedican más de 125 millones de horas al día a esta tarea, muchas veces transportando recipientes de hasta 20 kilogramos (UNICEF & OMS, 2023). En Bolivia, estudios muestran que las mujeres realizan en promedio más de dos viajes diarios para abastecer de agua a sus hogares (Sturzengger, G., Martinez, S., & Gertner, G., 2016).

Esta realidad, que suele naturalizarse, tiene profundas implicaciones. El tiempo invertido en la recolección de agua limita el acceso a la educación, al trabajo remunerado y al descanso. Además, expone a mujeres y niñas a riesgos de violencia e inseguridad. Así, la falta de acceso al agua impacta directamente en su seguridad, su salud, su autonomía y sus oportunidades de vida.

Sin embargo, esta responsabilidad histórica en la gestión cotidiana del agua no se traduce en poder. Las mujeres enfrentan múltiples barreras para participar en la toma de decisiones, debido a la persistencia de roles tradicionales y su subvaloración en espacios organizativos. En América Latina, representan apenas el 19,7% de la fuerza laboral del sector agua (CEPAL, 2022), lo que evidencia una profunda desigualdad en la gobernanza de este recurso.

En Bolivia, hablar de agua y mujeres implica ir más allá del acceso y la participación en espacios de toma de decisión. Implica comprender una relación más profunda: el cuerpo como el primer territorio de defensa. Las personas necesitamos de la tierra y del agua para vivir, porque al mismo tiempo somos parte de la naturaleza. En este sentido, el cuerpo de las mujeres es el primer territorio que debe ser defendido. Las amenazas que afectan a los ecosistemas —como la contaminación, el despojo o el extractivismo— también se inscriben en sus cuerpos.

Trabajar por la conservación del agua y sus servicios en ríos, cuencas y humedales es, al mismo tiempo, defender la salud, la dignidad y la vida.

En este contexto, las mujeres no son únicamente “cuidadoras” del agua por mandato cultural. Son sujetas políticas que resisten activamente a modelos extractivos no sostenibles como la minería, la agroindustria o la ganadería intensiva, que amenazan las fuentes de agua y la vida comunitaria.

Estas resistencias se expresan en múltiples dimensiones:

  • Denuncian que la degradación ambiental puede ir acompañada de violencias físicas y sexuales en sus territorios.

  • Enfrentan la criminalización y estigmatización por alzar la voz y ocupar el espacio público.

  • Viven de manera directa los impactos de la escasez, que incrementa las cargas y los riesgos en su vida cotidiana.

Al mismo tiempo, construyen alternativas:

  • Recuperan saberes ancestrales para el cuidado colectivo del agua.

  • Impulsan procesos de sanación del territorio-cuerpo, reconociendo que la defensa también implica autocuidado, comunidad y memoria.

Porque cuando el territorio se enferma, los cuerpos también lo hacen.

A esta realidad se suma una crisis mayor. El cambio climático está alterando los ciclos naturales del agua y afectando las fuentes más accesibles, como ríos, lagos y acuíferos superficiales. Esto implica mayores distancias, mayores costos y el uso de tecnologías más complejas para acceder al agua. Frente a ello, surge una pregunta urgente: ¿quiénes podrán sostener estos costos?

Las desigualdades ya son evidentes. En América Latina, el 13,5% de los hogares urbanos y el 25,4% de los rurales no tienen acceso a agua de calidad (GIZ, 2021), lo que profundiza las brechas de género y territoriales.

Por ello, hablar de cuidar el agua no es solo promover su uso responsable. Implica también:

  • proteger los ecosistemas que sostienen su ciclo,

  • garantizar un acceso equitativo,

  • transformar las relaciones de poder en su gestión y gobernanza.

Diversos estudios han demostrado que los proyectos de agua y saneamiento son más sostenibles y efectivos cuando las mujeres participan activamente en su diseño y gestión. Por ello, es fundamental garantizar su participación en los procesos de consulta, planificación, capacitación y toma de decisiones, especialmente en el caso de mujeres indígenas, asegurando también su participación efectiva en espacios de deliberación y construcción de propuestas.

En este Día Mundial del Agua, hacemos un llamado a reconocer que el acceso al agua es un derecho humano fundamental, y que su defensa es también una lucha por la igualdad, la justicia y la vida. “Defender el derecho al agua es defender el derecho a una vida libre de violencias. Cuerpo y territorio se defienden juntos.”

Hoy más que nunca, es necesario escuchar, reconocer y fortalecer los liderazgos de las mujeres y niñas. Porque el agua no solo sostiene la vida: puede ser también una fuerza transformadora hacia un futuro más justo e igualitario.

Bibliografía

Bretas, F., Casanova, G., Crisman, T. L., Embid Irujo, A., Martin, L., Miralles-Wilhelm, F., & Muñoz Castillo, R. (2020). Agua para el futuro: Estrategia de seguridad hídrica para América Latina y el Caribe. https://doi.org/10.18235/0002816

CEPAL. (2022). Panorama de los recursos hídricos en América Latina y el Caribe, y propuesta de una transición hídrica sostenible. División de Recursos Naturales.

GIZ. (2021). Igualdad de género para un futuro sostenible: Experiencias desde los sectores de energía y minería. Programas Win-Win y MinSus.

UNICEF & OMS. (2023). Progress on household drinking water, sanitation and hygiene 2000–2022: special focus on gender.

Sturzenegger, G., Martinez, S., & Gertner, G. (2016). Expandiendo acceso a agua potable y saneamiento en pequeñas comunidades rurales: Resultados de la encuesta de línea de base de una evaluación de impacto experimental. https://doi.org/10.18235/0010126

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WWF

WWF es la principal organización de conservación global, con presencia en más de 100 países y que cuenta con el apoyo de más de 5 millones de socios. Las acciones de WWF están enfocadas en seis grandes objetivos: especies, bosques, océanos, agua dulce, alimentación, clima y energía. WWF tiene además tres líneas de acción transversales: gobernanza política y social, finanzas y mercados.

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