2026-03-30
En Colombia no todas las serpientes ven igual: el hábitat cambia sus ojos
Se dice que todo entra por los ojos, y en el caso de las serpientes el tamaño y las estructuras que los recubren son una ventana a su evolución y a la manera como las moldea el hábitat. Aunque es un fenómeno poco estudiado en especies colombianas, un biólogo encontró que, pese a ser de la misma familia, la culebra caracolera —habitante de árboles de bosques húmedos del Chocó biogeográfico o la Amazonia— tiene una córnea más gruesa y un lente más esférico para enfocar mejor la luz que la serpiente sabanera, que vive bajo tierra, entre las rocas y la hojarasca de la Sabana de Bogotá, Boyacá o Santander.

Como si se tratara de una versión natural de Superman, algunas serpientes parecen tener una visión más desarrollada que otras. Sin embargo, esta diferencia no depende solo de su parentesco evolutivo sino también del entorno en el que viven: mientras en los árboles la luz, las sombras y el movimiento exigen una visión más precisa, ver bajo tierra deja de ser una prioridad.
La culebra caracolera y la serpiente sabanera comparten una historia evolutiva y forman parte de la misma familia (Dipsadidae), por lo que durante décadas se asumió que tendrían ojos similares. No obstante, el biólogo Juan Felipe Bravo Gómez, magíster en Biología de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), encontró que esto no siempre se cumple, pues el ambiente en el que viven también moldea sus ojos, por eso para entender cómo son no basta con saber de dónde vienen, sino también dónde viven.
Desde sus primeros años en la UNAL el investigador Bravo se interesó por estos reptiles, a menudo estigmatizados porque muchas personas los consideran peligrosos. Sin embargo, las especies que él estudió no son venenosas y cumplen un papel crucial en los ecosistemas, por ejemplo controlando poblaciones de roedores que pueden convertirse en plaga. Incluso dentro de la misma familia hay depredadores especializados como la musurana, conocida por alimentarse de serpientes venenosas como las víboras.
Ojo por ojo, serpiente por serpiente
El biólogo de la UNAL trabajó con cerca de 1.100 ejemplares de las colecciones científicas de los Institutos de Ciencias Naturales y del Humboldt, y de las Universidades de los Andes y de La Salle. En el Laboratorio de Patología Veterinaria analizó sus ojos mediante cortes muy delgados, casi transparentes, que permiten ver su interior al microscopio, como si el ojo se dividiera en láminas finísimas para observar, capa por capa, cómo está hecho.
Con estas muestras midió el grosor de la córnea, la forma del lente y la organización de la retina en cada especie. Así encontró que, por ejemplo, la culebra caracolera (Sibon nebulatus) tiene un lente más redondeado y estructuras más desarrolladas para manejar la luz, mientras que la serpiente sabanera (Atractus crassicaudatus) presenta un ojo más pequeño y simple.
Para medir el tamaño de los ojos y determinar si eran más grandes en una especie u otra, mediante tomografías ópticas comparó su proporción frente al tamaño de la cabeza. La culebra caracolera, que puede medir entre 80 y 120 cm, tiene ojos relativamente grandes, mientras que la sabanera —mucho más pequeña, entre 20 y 40 cm— tiene ojos reducidos que apenas se notan.
Además, las diferencias no solo están en el tamaño o la forma del lente, sino también en las estructuras que protegen y sostienen el ojo. En la culebra caracolera la escama transparente que recubre el ojo —conocida como escama ocular— es más delgada y permite una mejor entrada de luz, acorde con su vida en la vegetación, y el globo ocular posterior (la parte más profunda del ojo) está más desarrollado, lo que favorece una mejor formación de la imagen.
En contraste, la serpiente sabanera presenta una escama ocular más gruesa y un globo posterior más reducido, características que protegen el ojo en ambientes subterráneos, en donde hay fricción con el suelo y las partículas, pero donde ver con alta precisión no es tan necesario.
Las hipótesis también evolucionan
Según el experto, el hallazgo cuestiona la idea de que el parentesco define por completo la forma del cuerpo. En este caso el ambiente también juega un papel clave, moldeando incluso órganos complejos como el ojo.
Por otro lado, ayuda a entender mejor cómo viven estas serpientes; por ejemplo una especie arborícola como S. nebulatus, que necesita detectar presas pequeñas y moverse entre ramas, necesita buena visión. En contraste, una especie como A. crassicaudatus depende más del contacto con el suelo, por lo que para ella no es tan importante ver.
Más allá de la anatomía el estudio también tiene implicaciones para la conservación, pues aunque hoy estas especies no se encuentran en peligro de desaparecer, esto podría cambiar a futuro, ya que dependen de condiciones muy específicas. Por un lado, para la serpiente sabanera es fundamental tener bosques de suelos húmedos, un ecosistema del que solo queda alrededor del 8 o 9 % en el país según el Instituto Humboldt, mientras que la culebra caracolera necesita bosques densos para sobrevivir, precisamente en un contexto de deforestación creciente en regiones como la Amazonia y el Chocó, en donde se perdieron más de 100.000 hectáreas de bosque en 2024 según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.

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