logo móvil
Contáctanos
  • Portada

    Phytophthora nicotianae en medio de un cultivo; a simple vista es difícil diferenciarlo de un hongo. Foto: Carol Liliana Puentes Díaz, magíster en Ciencias Agrarias de la UNAL.

  • Portada

    Planta con pudrición de cogollo en campo. Foto: Carol Liliana Puentes Díaz, magíster en Ciencias Agrarias de la UNAL.

  • Portada

    Observación microscópica del oomiceto. Foto: Carol Liliana Puentes Díaz, magíster en Ciencias Agrarias de la UNAL.

  • Portada

    En la investigación se infectaron algunas plantas para ver si el oomiceto era el responsable de la enfermedad. Foto: Carol Liliana Puentes Díaz, magíster en Ciencias Agrarias de la UNAL.

  • Portada

    Cuando la estructura anatómica se observa a un nivel microscópico se ven pequeñas diferencias. Foto: Carol Liliana Puentes Díaz, magíster en Ciencias Agrarias de la UNAL.

  • Portada

    En Colombia la piña es una de las frutas que más se exporta a países de Europa. Foto: archivo Unimedios.

  • Portada

    Carol Liliana Puentes Díaz, magíster en Ciencias Agrarias de la UNAL. Foto: Carol Liliana Puentes Díaz, magíster en Ciencias Agrarias de la UNAL.

2025-09-30

“Falso” hongo pudre cogollo de la piña en fincas del Valle del Cauca


El descubrimiento no es solo un detalle técnico; es como si, en una novela de misterio, después de décadas de sospechas, el asesino por fin quedara al descubierto. Y es que se escondía muy bien. Los oomicetos (Oomycetes) engañan con facilidad, pues a simple vista parecen hongos, se comportan como ellos, pero no lo son. Son parientes lejanos de las algas y encuentran en la humedad su escenario perfecto para multiplicarse. Esta condición confundió durante años a algunos productores, quienes usaron fungicidas tradicionales para combatir hongos comunes, mientras el verdadero culpable seguía avanzando en silencio.

El drama se libraba en el corazón de la planta: el cogollo. Allí, donde nacen las hojas nuevas y se define la vida de la piña, P. nicotianae se instalaba debilitando y dañando los tejidos, generando un olor fétido y haciendo que las hojas se desprendieran como si alguien las hubiera cortado desde adentro. Lo que empezaba como una clorosis se convertía en un colapso total, una muerte súbita que ocasiona grandes pérdidas en la producción.

Para llegar a esta conclusión, la investigadora Carol Liliana Puentes Díaz, magíster en Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), recorrió 46 fincas en seis municipios del Valle del Cauca con el fin de evaluar el estado de los cultivos de piña frente a la pudrición del cogollo, una enfermedad que en otras partes del mundo puede causar pérdidas de entre el 80 y 100 % de las plantaciones.

Su trabajo contó con la dirección y el apoyo de la investigadora Isabel Moreno, del Centro de Investigación Palmira de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Agrosavia), y de la profesora Celsa García Domínguez, de la UNAL.

Cuando la piña se derrumba en días

En las pruebas realizadas, las plantas de piña infectadas comenzaron a mostrar síntomas en apenas cuatro o cinco días, y en menos de dos semanas podían colapsar por completo. En contraste, en plantaciones de otros países la progresión suele ser más lenta: los primeros signos aparecen después de la primera semana y la muerte del cogollo puede tardar hasta tres meses, con pérdidas que llegan al 100 % si no se toman medidas de control.

En cada finca la investigadora recogió hojas enfermas y muestras de suelo, mientras los agricultores le contaban con angustia cómo la enfermedad devastaba sus cultivos. En el laboratorio, observó al microscopio, cultivó el organismo, analizó su ADN y comprobó en experimentos que podía reproducir la enfermedad en plantas sanas. Así, paso a paso fue armando el rompecabezas.

La investigadora Puentes explica que la pudrición del cogollo en piña, esa enfermedad que tantos dolores de cabeza causa, tenía un culpable con nombre propio: P. nicotianae. Este organismo no solo ataca la piña, sino que también enferma a más de 200 especies de plantas en el mundo, como tabaco, tomate, pimientos, cítricos y algodón. Sin embargo, las cepas que afectan a la piña muestran una adaptación particular a este cultivo. En el Valle del Cauca halló las condiciones ideales en la humedad de los suelos y las lluvias –sobre todo donde los drenajes son deficientes–para reproducirse y permanecer.

“Al inicio, su micelio se puede confundir con el de un hongo, pero cuando se observan en detalle sus estructuras –como esporangios con papila prominente y clamidosporas esféricas– se evidencia que no corresponde a un hongo típico. Y al analizar su ADN confirmamos que se trata de un oomiceto”, expresa la magíster, y agrega que el proyecto ha recibido financiación del Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación, y el apoyo de instituciones y universidades de Alemania (Universidad de Aachen e Instituto Julich) y Tailandia (Nanotec).

El impacto es evidente. En los lotes recorridos, cerca del 25 % de las plantaciones mostraban síntomas de la enfermedad, y en las zonas de ladera, con suelos encharcados y mal drenaje, el daño fue todavía mayor. Para los pequeños productores esto se traduce en pérdidas que pueden acabar con años de esfuerzo, y para el país representa un riesgo directo sobre un cultivo fundamental en las exportaciones de frutas tropicales.

Pero identificar al enemigo es apenas el comienzo. Saber que se trata de un oomiceto amante del agua abre la puerta a mejorar drenajes, ajustar prácticas de cultivo, ensayar controles biológicos y dejar atrás químicos poco efectivos. Es como cambiar de estrategia en una batalla: ya no se pelea a ciegas, ahora se conoce al verdadero adversario.

“El Valle del Cauca concentra un porcentaje alto de la producción de piña MD2 en Colombia, destinada tanto al mercado nacional como a la exportación, por lo que identificar este microorganismo es un gran aporte para evitar pérdidas económicas considerables”, indica la investigadora Puentes, quien lleva unos ocho años trabajando en este tema.

En un país donde tantas veces los problemas del campo parecen irresolubles, este descubrimiento demuestra que cuando la ciencia baja a la tierra (la enfermedad avanza desde la raíz hasta el cogollo), escucha a los productores y mira con lupa lo que pasa en los cultivos, es posible transformar la incertidumbre en conocimiento y el miedo en soluciones. El falso hongo ya no se esconde, y ese simple hecho abre un futuro distinto para quienes siembran, cuidan y viven de la piña.

La enfermedad cambia según la etapa del cultivo

En el estudio, el comportamiento de la pudrición del cogollo no fue igual en todas las fases. En las plantas jóvenes, en pleno desarrollo, la enfermedad aparecía de manera más dispersa y menos agresiva, en parte porque en esa etapa los productores aplican más fungicidas. En cambio, en los lotes en fructificación y cosecha, cuando los cuidados disminuyen, el avance era uniforme y devastador, arrasando grandes áreas. Así, muchos agricultores, tras más de un año de trabajo, perdían la cosecha justo antes de recogerla, un golpe duro para sus finanzas y su moral.

“La enfermedad puede atacar las plantas en todos sus estados de desarrollo, por lo que también se identificaron cepas con una alta agresividad”, explica la investigadora.

El trabajo advierte sobre la dependencia casi exclusiva de fungicidas, costosos y poco efectivos contra este microorganismo, además de contaminantes para suelos y aguas. Confirmar que se trata de un oomiceto abre la puerta a un manejo más sostenible, con drenajes adecuados, rotación de cultivos y alternativas biológicas. No se trata solo de salvar la piña, sino de proteger el ecosistema del que viven los agricultores.

“Ahora sabemos que para controlar la pudrición del cogollo no basta con aplicar químicos. Se requiere de un manejo integrado que comience con el uso de semilla sana y continúe con prácticas culturales en campo, como mejorar el drenaje y evitar encharcamientos, rotar cultivos y acompañar con estrategias químicas y biológicas más efectivas. Solo así se pueden reducir las condiciones que favorecen la dispersión y desarrollo del patógeno”, concluye la investigadora.

Autor

Autor
Imagen Unimedios | Agencia de Noticias UN

Unimedios | Agencia de Noticias UN

La Unidad de Medios de Comunicación – Unimedios, es la unidad de producción y difusión de la información científica, cultural, investigativa, académica, artística y tecnológica generada por la Universidad Nacional de Colombia y dirigida a la comunidad universitaria y a la sociedad en general. Es una dependencia de nivel nacional, adscrita a la Rectoría que articula los medios de comunicación existentes dentro de la Unidad para velar por el buen nombre e imagen de la Institución, promover y agenciar sus logros e integrarla en su diversidad y con la sociedad a través de sus medios, servicios y productos.

Noticias más leídas

Otros recursos que podrían interesarte

    Temas Virtualpro