
Imagen. / WWF
2026-04-01
Las sabanas inundables de la Orinoquía también son las tierras del jaguar
La posibilidad de poder ver a un jaguar incrementa. La Orinoquia es un ejemplo de que es posible conservar la biodiversidad y la riqueza de los ecosistemas y sus suelos,
Cuando imaginamos la figura del jaguar, la visualizamos sobre un telón verde de bosque espeso, asomándose sigiloso tras algún árbol que escasamente deja ver su rostro y las manchas patrón de mariposa que lo distinguen.
La verdad es que avistar un jaguar en la selva amazónica es una misión casi que imposible, pero el felino más grande de América (altamente vulnerable a la extinción) también habita otros ecosistemas como las sabanas de la Orinoquía colombiana, donde la posibilidad de avistarlo se incrementa con el paso del tiempo.
¿Y cómo es esto posible? En el departamento del Casanare entre los municipios de Hato Corozal y Paz de Ariporo está la Reserva Hato La Aurora, de la familia Barragán. Un testimonio de que es posible conservar la biodiversidad y la riqueza de los ecosistemas y sus suelos, estableciendo un esquema de producción ganadera y turismo sostenible que permite mantener la cultura y saberes llaneros, y evita la transformación de las sabanas inundables.
Una transformación que en muchos lugares de la Orinoquía abre paso a monocultivos (como la expansión desordenada del arroz) que acaban con las numerosas propiedades de los pastizales naturales: captar carbono, ser reservorio de agua y hogar de una enorme diversidad de plantas y animales.

En estas tierras el jaguar tiene un refugio gracias a los Barragán, que a lo largo de más de 20 años han insistido en coexistir con él. “Esto era del tigre pinta menudita. Desde antes de nosotros, de los jesuitas que trajeron el ganado y desde antes que el hombre poblara América”, dice Jorge Barragán.
La familia sabe que el jaguar come presas silvestres como chigüiros, venados o anacondas, y que también cobra presas del ganado, entendiéndolo como cuota de la convivencia. Por supuesto, han establecido medidas anti predatorias, empezando con la raza criolla y en cruces del ganado que ha aprendido a defenderse haciéndole la tarea de caza más difícil al felino. Y han establecido un turismo de avistamiento de fauna silvestre que permite la entrada de ingresos en el que la estrella es el jaguar.
La fauna es protagonista en el Hato y en Juan Solito, el ‘Ecolodge’ a donde pajareros, fotógrafos y amantes de los destinos de naturaleza acuden especialmente en los cuatro meses de temporada seca en que los animales se reúnen en los humedales y es más fácil avistarlos. Nelson Barragán es el anfitrión que tocando el arpa y el cuatro llanero sumerge a los visitantes en cantos del folklore que hablan con amor y respeto de los animales que habitan los ríos, los esteros, los morichales... cada rincón de la inmensa llanura.
La fortuna de ver un jaguar
Un equipo de WWF y miembros del ‘Team Panda Colombia’ (nuestros embajadores de buena voluntad) estuvieron en febrero pasado en el Panda Summit, nuestro evento anual de conexión con la naturaleza, el cual se lleva a cabo en una región de Colombia donde se aprende de sus ecosistemas, especies y cultura, y de los proyectos de conservación que la organización allí adelanta.

La edición 2026 fue dedicada a la Orinoquía y tuvo lugar en el Hato la Aurora. En un día de safari llanero, gracias a los drones y la pericia de los guías, el grupo tuvo la fortuna de avistar a respetuosa distancia al rey de las Américas, el jaguar.
Fuimos afortunados, hay quienes no logran verlo. Si bien alrededor de 92 jaguares diferentes se han avistado en el Hato, eso no significa que a cada salida sea posible verlo. El terrero es grande y la sabana arbolada le permite resguardarse con seguridad. Pero si el rey no asoma, están asegurados el gran cocodrilo del Orinoco, las anacondas, los caimanes, las aves (entre ellas las mágicas corocoras, los bullosos alcaravanes y las pequeñas guardacaminos), los chigüiros, los venados, los zorros, las zarigüeyas y más.

Un año dedicado a los pastizales
Nuestra visita con el Panda Summit se hace en el marco del Año Internacional de los Pastizales y los Pastores. Los pastizales cubren aproximadamente la mitad de la superficie del planeta e incluyen ecosistemas como praderas, sabanas, matorrales, desiertos, humedales o zonas montañosas.
Según informes de Naciones Unidas, representan el 30% de las reservas mundiales de carbono orgánico en el suelo, pero cerca de la mitad están degradados. Los pastores, presentes en más del 75% de los países, gestionan al menos el 25% de las tierras del mundo, ocupándose de al menos 1.000 millones de animales entre los que se encuentran ganados ovino, caprino y bovino, camélidos, yaks, caballos, renos y búfalos.
La Orinoquía, es tierra de pastizales, donde los llaneros entonan no solo cantos de vaquería sino odas a la fauna silvestre que la hace única en el planeta. Aquí, como en otros lugares de Colombia, el reto está en hacer posible la construcción de una paz territorial ambiental lejos de economías ilegales, y al margen de economías que, aunque legales, destruyen el patrimonio natural y cultural, y la biodiversidad.
Es nuestro profundo deseo que la naturaleza y la cultura se respeten en la Orinoquía, y que las y los llaneros puedan seguir, parafraseando al Cholo Valderrama: “siendo criados entre moriche y mastranto, bebiéndose con los ojos esos paisajes de encanto donde palma y lejanía se funden con un abrazo”.

WWF
WWF es la principal organización de conservación global, con presencia en más de 100 países y que cuenta con el apoyo de más de 5 millones de socios. Las acciones de WWF están enfocadas en seis grandes objetivos: especies, bosques, océanos, agua dulce, alimentación, clima y energía. WWF tiene además tres líneas de acción transversales: gobernanza política y social, finanzas y mercados.