logo móvil
Contáctanos
Portada

Imagen / Valles Marineris observados con filtro de color. © NASA / JPL-Caltech / USGS.

2025-09-26

Posibles biofirmas en Marte: el hallazgo del rover Perseverance que reaviva la búsqueda de vida en el planeta rojo


En septiembre de 2025, la comunidad científica mundial se estremeció con el anuncio de que el rover Perseverance de la NASA habría identificado una posible biofirma en una roca marciana del cráter Jezero. Según los comunicados oficiales, la roca, bautizada como Cheyava Falls, presenta manchas químicas peculiares y estructuras minerales que podrían estar relacionadas con procesos microbianos antiguos. El rover tomó una muestra del núcleo de esa roca —denominada “Sapphire Canyon”— y los instrumentos a bordo detectaron una combinación de compuestos que, en la Tierra, se asocian con vida microbiana: carbono orgánico, azufre, fósforo y hierro en estados redox diferenciados. Este descubrimiento ha sido calificado por algunos responsables como el más cercano que se ha estado de hallar evidencia de vida en Marte hasta ahora.

El carácter de esta noticia es cauteloso pero vibrante. No se afirma que se ha encontrado vida en Marte, sino que se han detectado indicios suficientemente intrigantes para abrir nuevas líneas de investigación. Los científicos subrayan que, incluso con estos datos, queda un largo camino por recorrer: probar que esas señales tienen origen biológico, y no abiótico, demanda múltiples evidencias corroboradas e idealmente el regreso de las muestras a suelo terrestre para un examen más minucioso (algo que futuras misiones de retorno de muestras pretenden lograr).

Este anuncio no surge en el vacío: llega tras décadas de exploración marciana que han documentado variaciones geológicas, presencia de minerales relacionados con agua antigua y rastros moleculares orgánicos en otras misiones como Curiosity. En ese sentido, el hallazgo de Perverserance podría marcar un hito —no definitivo, pero sí altamente sugestivo— en nuestra comprensión del pasado del planeta rojo.

Contexto científico: de Curiosity a Perseverance, y la química orgánica en Marte

Para valorar adecuadamente la importancia de este hallazgo, es útil revisar las evidencias previas y los retos que enfrenta la interpretación de señales biológicas en ambientes marcianos.

Desde hace años, Marte ha sido considerado un candidato plausible para la vida microbiana antigua, en virtud de su historia geológica y climática. En su pasado —hace entre 3500 y 4000 millones de años— se cree que Marte contó con una atmósfera más densa, temperaturas más templadas, y sistemas de ríos y lagos superficiales. Los lechos de antiguos cauces fluviales y deltas observados desde órbita respaldan esa hipótesis. Sin embargo, ese Marte húmedo dio paso con el tiempo a un entorno seco, frío y con una atmósfera tenue, condiciones que hoy hacen inviable la existencia estable de agua líquida en la superficie.

En ese marco, una de las pistas más sólidas proviene de la misión Curiosity. En 2025 se publicó que ese rover había detectado moléculas orgánicas de cadena media —decano, undecano y dodecano— en una muestra de roca analizada con su laboratorio interno (SAM). Estas moléculas orgánicas tan complejas no se habían observado antes con ese grado de sofisticación, y sugieren que la química prebiótica en Marte pudo haberse desarrollado con mayor complejidad de lo estimado. No obstante, los autores del estudio enfatizan que la presencia de compuestos orgánicos no garantiza vida, puesto que también pueden formarse mediante procesos geológicos.

El hallazgo de Perseverance se inserta en esta línea de evolución científica: el rover explora la formación sedimentaria “Bright Angel”, ubicada dentro del cráter Jezero, en un antiguo lecho fluvial del valle Neretva. En esa formación se hallan rocas ricas en arcilla y limo, los cuales son excelentes conservadores de materia orgánica en la Tierra. El instrumento científico a bordo detectó además una combinación de sustancias químicas —carbono orgánico, azufre, hierro oxidado y fósforo— que, en conjunto, podrían haber servido como fuente de energía para microorganismos antiguos.

Lo que vuelve particularmente sugerente la muestra de Cheyava Falls es su patrón de manchas tipo “leopardo” o nódulos verdosos, que revelan bordes oscuros y núcleos claros con minerales como vivianita (fosfato de hierro) y greigita (sulfuro de hierro). En la Tierra, las reacciones redox (oxidación-reducción) entre materia orgánica y hierro en ambientes sedimentarios son comunes en contextos microbianos. En la muestra Sapphire Canyon (núcleo extraído de Cheyava Falls), los datos sugieren que parte del carbono orgánico habría cedido electrones al hierro, generando esos minerales. Esa interpretación es consistente con un metabolismo microbiano, aunque no es la única explicación posible: procesos minerales puramente abióticos también pueden generar reacciones redox con resultados similares.

Los geólogos implicados reconocen que la simple coincidencia de estos minerales y estructuras no es prueba definitiva de vida, pero sí constituye una de las pistas más fuertes hasta ahora de una biofirma potencial. Para afirmarlo con certeza, deben descartarse hipótesis alternativas (por ejemplo, formación por alteración hidrotermal o reacciones químicas no biológicas), y establecer múltiples líneas de evidencia: contexto sedimentario, distribución espacial, patrones isotópicos, marcadores moleculares específicos y comparación con ambientes terrestres análogos.

Otra tensión teórica proviene de los modelos climáticos de Marte temprano. Muchos modelos sugieren que un Marte cálido sostenido es difícil de sostener con niveles atmosféricos de CO₂ razonables. En cambio, escenarios en los que episodios intermitentes de calentamiento permitieron la presencia temporal de agua líquida ofrecen un mejor ajuste a los datos geológicos. En ese marco, la vida microbiana habría tenido que adaptarse a condiciones cambiantes y posiblemente periodos largos de sequedad o congelamiento parcial. La preservación de materia orgánica en capas sedimentarias protegidas en el subsuelo o en ambientes cubiertos por hielo habría sido clave para su supervivencia a lo largo de milenios.

Finalmente, uno de los retos esenciales es el regreso de muestras marcianas a la Tierra. Los instrumentos a bordo de los rovers ya alcanzan límites de sensibilidad, pero no pueden sustituir el poder de análisis de laboratorios terrestres avanzados. Por ello, futuras misiones de retorno de muestras, aún en fase de planificación, serán fundamentales para confirmar la naturaleza de esas posibles biofirmas.

Imagen obtenida por un microscopio electrónico de estructuras minerales en el interior del meteorito ALH84001. © NASA.

Implicaciones y futuro: ¿un nuevo capítulo en la vida extraterrestre?

Si las señales descubiertas por Perverserance en Cheyava Falls resultan verdaderamente biológicas, el impacto será profundo. En primer lugar, confirmar que Marte albergó vida microbiana en su pasado —independiente de la Tierra— reforzaría la idea de que la vida es una consecuencia relativamente común en condiciones adecuadas del universo, y no un fenómeno extraordinariamente raro. La convergencia evolutiva que llevaría a organismos a explotar reacciones redox basadas en hierro, carbono y azufre podría señalar principios universales en el surgimiento de la vida.

Además, el hallazgo podría abrir la puerta a reinterpretar otros datos marcianos con nueva perspectiva. Muchas misiones previas detectaron minerales hidratados, arcillas, sales, lagos secos y compuestos orgánicos en diversas regiones de Marte. Si estos entornos compartían características con Cheyava Falls o Bright Angel, podrían también haber albergado vida microbiana latente o fosilizada. Un resultado biológico confirmado reforzaría la motivación para explorar regiones menos accesibles, como el subsuelo profundo, donde las condiciones pueden haber permanecido más estables.

Pero también es importante mitigar expectativas: aún estamos lejos de una confirmación rotunda. Los responsables de la misión y la comunidad científica han adoptado un tono prudente. Reconocen que podría haber explicaciones no biológicas para las biofirmas observadas, que el retorno de muestras aún es incierto, y que se requerirán múltiples misiones complementarias (por ejemplo, el rover Rosalind Franklin de la ESA) para obtener más contexto.

A corto plazo, las claves del avance incluyen:

  • Análisis más detallado desde Marte: optimización de los instrumentos a bordo, búsqueda de patrones espaciales coherentes con vida y comparación entre múltiples muestras de distintos estratos y zonas geológicas.
  • Exploración del subsuelo: perforaciones más profundas podrían revelar ambientes menos afectados por radiación o condiciones extremas de superficie.
  • Misiones de retorno de muestras: la posibilidad de enviar cápsulas con los núcleos de roca a la Tierra permitiría confirmaciones isotópicas, búsqueda de moléculas complejas específicas y experimentos imposibles en Marte.
  • Sinergia con misiones futuras: combinar datos de rovers marcianos, orbitadores y laboratorios terrestres para construir modelos consistentes de la historia geológica, climática y biológica del planeta rojo.

Finalmente, más allá de la pregunta “¿hubo vida en Marte?”, este hallazgo refuerza la convicción de que exploramos una frontera todavía joven y dinámica. La investigación marciana —y su posible descubrimiento de vida antigua— podría cambiar no solo nuestra comprensión del planeta rojo, sino también nuestra visión del origen, diversidad y ubiquidad de la vida en el cosmos.

En conclusión, el hallazgo de una posible biofirma en Cheyava Falls por el rover Perseverance representa una de las evidencias más sugestivas hasta ahora de que Marte pudo albergar vida microbiana. Pero estamos en el preludio de una confirmación: nuevos datos, misiones y análisis rigurosos definirán si esas señales representan un verdadero eco biológico del pasado o una sorprendente convergencia química sin vida. En los próximos años, la exploración marciana podría ofrecernos una de las respuestas más profundas que la ciencia haya buscado: si estamos solos o si la vida floreció alguna vez —aunque sea en forma microscópica— en ese mundo rojo que fue nuestro vecino.

Para saber más…

Si desea ampliar sus conocimientos sobre temas relacionados, puede consultar la edición 282 de la Revista Virtualpro: Ingenierías en el espacio.


Referencias

Equipo de redacción de Ciencia. (2025, 10 de septiembre). La NASA dice que su rover en Marte descubrió una posible biofirma el año pasado. NASA.
https://ciencia.nasa.gov/sistema-solar/la-nasa-dice-que-su-rover-en-marte-descubrio-una-posible-biofirma-en-2024/

Landau, E. (2025, 11 de septiembre). ¿Realmente hubo vida en Marte? El hallazgo científico que ofrece nuevos indicios sobre el pasado del planeta rojo. National Geographic.
https://www.nationalgeographicla.com/espacio/2025/09/realmente-hubo-vida-en-marte-el-hallazgo-cientifico-que-ofrece-nuevos-indicios-sobre-el-pasado-del-planeta-rojo

Morelle, R. (2025, 11 de septiembre). Encuentran posibles señales de vida pasada en Marte en rocas con “manchas de leopardo”. BBC News.
https://www.bbc.com/mundo/articles/cy4j827v9xlo

NASA / JPL-Caltech / USGS. (2024). VallesMarinerisHuge.jpg. [Imagen]. Wikimedia Commons.
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?title=File:VallesMarinerisHuge.jpg&oldid=862591666

NASA. ALH84001 structures.jpg. [Imagen]. Wikimedia Commons.
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?title=File:ALH84001_structures.jpg&oldid=994819340

Strickland, A: (2025, 10 de septiembre). Una roca de Marte contiene la “señal más clara” de vida antigua en el planeta, dice la NASA. CNN.
https://cnnespanol.cnn.com/2025/09/10/ciencia/roca-marte-vida-nasa-trax


Felipe Chavarro
Copy editor
Virtualpro
[email protected]

Autor
Imagen Revista Virtualpro

Revista Virtualpro

Publicación virtual académico-científica, indexada a nivel Latinoamérica. Presenta la información de una forma innovadora a través de documentos hipertexto, multimedia e interactivos que complementan el proceso de enseñanza-aprendizaje en diferentes programas académicos relacionados con procesos industriales. Cuenta con un comité editorial y científico internacional ad honorem presente en diferentes países de Latinoamérica.

Noticias más leídas

Temas Virtualpro