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Imagen / Cassius, reconocido como el cocodrilo más grande del mundo en cautiverio, medía 5,48 m de largo y pesaba aproximadamente 998 kg. © FFelxii.

2025-10-28

Wadisuchus kassabi y la sorprendente evolución de los cocodrilos


Los cocodrilos, miembros de la familia Crocodylidae, constituyen uno de los linajes más antiguos y exitosos de vertebrados que han sobrevivido hasta nuestros días. Su historia evolutiva se remonta a más de 80 millones de años, cuando compartían ecosistemas con los últimos dinosaurios. Estos reptiles semiacuáticos pertenecen al orden Crocodylia, que incluye también a los aligátores y caimanes, aunque se distinguen de estos por su morfología craneal más alargada y por una estructura mandibular adaptada a una mordida de enorme fuerza.

La fisiología del cocodrilo combina rasgos primitivos con adaptaciones notables que explican su persistencia evolutiva. Su piel, cubierta de escamas córneas y placas óseas llamadas osteodermos, ofrece una protección eficiente frente a depredadores y al desgaste ambiental. Su sistema cardiovascular de cuatro cámaras, inusual entre reptiles, permite una regulación más eficiente del flujo sanguíneo, garantizando la oxigenación prolongada durante las inmersiones. Además, su metabolismo ectotérmico —dependiente del calor ambiental— le permite conservar energía y sobrevivir largos periodos sin alimento.

Los cocodrilos habitan regiones tropicales y subtropicales de África, Asia, Oceanía y América. Su comportamiento es una compleja combinación de agresividad territorial, precisión depredadora y una sorprendente capacidad de aprendizaje. Aunque su reputación los presenta como criaturas puramente instintivas, diversos estudios han documentado comportamientos sociales y vocalizaciones específicas entre individuos, especialmente durante el cortejo y la defensa del territorio. Esta inteligencia práctica, junto con su resistencia física, los ha convertido en verdaderos supervivientes del tiempo.

La diversidad interna del grupo es amplia. Existen especies estrictamente fluviales, como el cocodrilo del Nilo (Crocodylus niloticus), y otras adaptadas a ambientes costeros o marinos, como el cocodrilo de agua salada (Crocodylus porosus), el mayor de los reptiles actuales. Este último ejemplifica el punto culminante de la evolución crocodyliana, con un diseño biológico optimizado para dominar tanto ríos como océanos.

Crocodylus porosus: el gigante anfibio del Indo-Pacífico

El cocodrilo marino o de agua salada representa una de las formas más impresionantes de adaptación entre los reptiles modernos. Habita desde las costas del este de la India hasta el norte de Australia, incluyendo el sudeste asiático y algunas islas del Pacífico. Es un depredador ápice que ha colonizado tanto los estuarios y manglares como las aguas abiertas del océano. Su capacidad para tolerar la salinidad es una de sus mayores ventajas ecológicas. Gracias a glándulas excretoras de sal situadas en la lengua, este animal puede eliminar el exceso de sodio y sobrevivir en ambientes que resultarían letales para la mayoría de los reptiles.

Un macho adulto puede alcanzar más de cinco metros de longitud y superar la tonelada de peso, convirtiéndose así en el reptil más grande de la actualidad. Su fuerza de mordida, estimada en más de 3.700 libras por pulgada cuadrada, le permite capturar presas tan grandes como búfalos, tiburones o cerdos salvajes. Sin embargo, su éxito no se limita a la fuerza: su comportamiento oportunista, la memoria espacial y la paciencia durante la caza lo convierten en un cazador metódico.

A nivel morfológico, el Crocodylus porosus posee una cabeza ancha, potentes mandíbulas y ojos elevados, adecuados para observar desde la superficie mientras el resto del cuerpo permanece oculto. Su piel, de coloración gris verdosa con manchas más oscuras, se mimetiza con el entorno acuático. Las extremidades palmeadas, junto con una cola musculosa, le permiten nadar largas distancias. De hecho, se han documentado ejemplares que recorren cientos de kilómetros mar adentro, impulsados por corrientes oceánicas.

Este cocodrilo encarna una lección evolutiva: la especialización no necesariamente implica aislamiento. Su dominio tanto en agua dulce como salada sugiere una estrategia de supervivencia que combina flexibilidad ambiental y eficiencia fisiológica. Por ello, el estudio del Crocodylus porosus resulta esencial para comprender cómo los cocodrilos ancestrales pudieron adaptarse a los cambios climáticos y geográficos que marcaron la transición del Cretácico al presente.

Cocodrilo de agua salada (Crocodylus porosus), el mayor de los reptiles actuales.© fvanrenterghem.

El Wadisuchus kassabi: un fósil que reescribe el origen marino de los cocodrilos

En octubre de 2025, un hallazgo paleontológico en Egipto transformó la comprensión sobre los orígenes de los cocodrilos marinos. Los restos fosilizados de un nuevo género y especie, denominados Wadisuchus kassabi, revelaron un linaje ancestral con características mixtas entre los cocodrilos terrestres y los acuáticos. Este fósil, datado en unos 80 millones de años, se considera el ejemplar marino más antiguo conocido y aporta pruebas de que el origen de los cocodrilos oceánicos se encuentra en África, y no en Asia o América como se pensaba anteriormente.

El Wadisuchus poseía un hocico largo y estrecho, adaptado para capturar peces, y una estructura corporal que sugiere un estilo de vida anfibio, similar al de los modernos cocodrilos de agua salada. Sin embargo, también presentaba rasgos primitivos, como extremidades más robustas y vértebras con adaptaciones limitadas para la natación sostenida. Este mosaico anatómico indica que el proceso de transición hacia un estilo de vida plenamente marino se encontraba en una etapa intermedia durante el Cretácico tardío.

El hallazgo no solo amplía el registro fósil, sino que también ilumina la trayectoria evolutiva que condujo a los cocodrilos modernos. La presencia de Wadisuchus kassabi en una región desértica que alguna vez fue un sistema de lagunas costeras demuestra que los ancestros de los cocodrilos actuales aprovecharon las conexiones fluviales entre el interior continental y los océanos, expandiéndose progresivamente hacia hábitats salinos. Este proceso evolutivo habría sido impulsado por la búsqueda de nuevos recursos y la competencia en ambientes de agua dulce, favoreciendo adaptaciones fisiológicas como la excreción de sal y la resistencia a las variaciones térmicas.

Además, el fósil confirma que la diversidad de cocodrilos durante el Cretácico fue mucho mayor de lo que se suponía. El descubrimiento de especies como Wadisuchus kassabi sugiere la existencia de una radiación evolutiva temprana en África, que posteriormente dio lugar a linajes que colonizaron Asia y Oceanía. Desde esta perspectiva, el cocodrilo de agua salada moderno no sería un producto aislado de la evolución, sino la culminación de una larga serie de adaptaciones iniciadas en ecosistemas africanos.

El estudio del Wadisuchus también invita a reflexionar sobre la estabilidad evolutiva de los cocodrilos. Pese a los grandes cambios planetarios —extinciones masivas, glaciaciones y reconfiguraciones continentales—, el diseño corporal básico de estos reptiles ha permanecido casi inalterado. Esta constancia no implica inmovilidad evolutiva, sino una eficiencia biológica extrema: un equilibrio perfecto entre morfología, comportamiento y fisiología que ha garantizado su supervivencia durante decenas de millones de años.

Los cocodrilos, en definitiva, son testigos vivientes de la historia de la vida en la Tierra. El Wadisuchus kassabi aporta una nueva pieza a ese relato, conectando las aguas del antiguo Egipto con los océanos del presente. Su descubrimiento no solo enriquece el registro paleontológico, sino que refuerza la idea de que la evolución no es una línea recta, sino un entramado de adaptaciones y persistencias donde algunas formas —como la de los cocodrilos— alcanzan una perfección funcional que trasciende las eras.

El descubrimiento del Wadisuchus kassabi reabre el debate sobre los orígenes de los cocodrilos marinos y reafirma la importancia de África como cuna de su evolución. A través del estudio comparado de fósiles y especies actuales como el Crocodylus porosus, los científicos pueden reconstruir el tránsito entre el agua dulce y el marino, entre el pasado y el presente. Los cocodrilos, con su mezcla de fuerza, adaptabilidad y longevidad, siguen siendo símbolos del poder de la evolución: una línea de vida que, pese a los cambios del planeta, ha sabido mantener su dominio sobre los ríos y los mares del mundo.

Referencias

FFelxii. (2025). Cassius The Salt-Water Crocodile.png. [Imagen]. Wikimedia Commons.
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?title=File:Cassius_The_Salt-Water_Crocodile.png&oldid=1024125300

Fishipedia. (2025). Cocodrilo marino.
https://www.fishipedia.es/reptil/crocodylus-porosus

fvanrenterghem. (2024). Saltwater crocodile.jpg. [Imagen]. Wikimedia Commons.
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?title=File:Saltwater_crocodile.jpg&oldid=935462259

Mansoura University Vertebrate Paleontology Center (MUVP). (2025, 27 de octubre). Earliest long-snouted fossil crocodile from Egypt reveals the African origins of seagoing crocs. EurekAlert.
https://www.eurekalert.org/news-releases/1103107

Pérez, C. (2025, 27 de octubre). Descubren en Egipto un cocodrilo marino de 80 millones de años con dientes afilados como agujas y un hocico “imposible”. Muy Interesante.
https://www.muyinteresante.com/ciencia/descubrimiento-fosil-egipto-cocodrilo-marino-wadisuchus-kassabi.html

Science Magazine. (2025, 27 de octubre). Ancient long-snouted crocodile fossil from Egypt uncovers african roots of marine crocodiles.
https://scienmag.com/ancient-long-snouted-crocodile-fossil-from-egypt-uncovers-african-roots-of-marine-crocodiles/


Felipe Chavarro
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